Entre la técnica y el arte: una integración para la práctica terapéutica

Durante años, yo me instauré en una dicotomía entre mi faceta de artista y psicóloga:

o eres rigurosa, en tu faceta psicoanalista y tu práctica como psicóterapeuta, o eres la artista que es sensible a la estética, a la expresividad cómica y la creatividad musical… Ambas facetas no eran compatibles del todo, pero más por una preocupación por la mirada ajena y “lo que podrían pensar”; que por una incoherencia interna. Por temor a que no se me llevara en serio. Como siempre, el problema es más de la proyección que hacemos hacia el gran Otro que por lo real de ese problema.

Además, me planteaba como podría ponerme “clown” en medio de una intervención; o me preguntaba ¿cómo usar verdaderamente la creatividad y la música como estrategias y como ponerlo en juego bajo transferencia terapéutica?

Integrar lo humano y lo técnico

Con los años, entendí que la profundidad clínica no está reñida con lo humano y con la creación artística.

Y que la técnica no necesariamente exige frialdad y también pide espontaneidad y improvisación.

Y, sobre todo, comprendí que el arte no confronta la práctica clínica.

De hecho, el problema no es la sensibilidad.

El problema, muchas veces, es la falta de encuadre.

Por esa razón, el poder, por ejemplo, hacer reír a un niño en sesión, usando muy concretamente la técnica de la comicidad del clown, entendiendo esa técnica artística como un elemento clínico, pasó a ser algo maravillosamente útil y efectivo, pero también gratificante para mí. Técnicas teatrales como la comicidad ayudan además a mantener viva la vocación y la frescura en la intervención. Porque sabemos, los que somos profesionales, que el cuidado y la práctica clínica pueden desgastarnos con los años… No es tarea fácil…

Y a la vez, usar esa técnica está bien lejos de “hacer teatro” en la sesión. La diferencia, está en el dispositivo que encuadra esta acción; no en la acción en sí de ser o no ser clown para un niño que atiendo… pero el encuadre: que hago con esta acción cómica, antes y después y porque la hago… Cuando la hago y cuando la niego, además.

Porque imaginaros que más de un infante quiere quedarse ahí enganchado en ese placer absoluto de poder reírse… Pero hacer reír a un niño en sesión clínica y usarlo como una técnica más, entre otras, es algo serio y riguroso… Y por lo tanto, no necesariamente siempre estará ahí porque no pida el niño.

El riesgo de la rigidez

Por otro lado, debemos vigilar para que estas intervenciones no se vuelven rígidas… Para ello, hay un lugar de juego donde la terapeuta también “se deja llevar”. No siempre, pero a veces sí… Que, si no, seríamos como máquinas reproductoras de técnicas de intervención… Y si usamos juego, hay momentos donde me entrego en mayor grado a él.

La propuesta de Arte Clínico

En Arte Clínico, no trabajamos desde esa división entre lo humano y lo ténico.

Trabajamos desde una integración real: sensibilidad artística combinada con conocimiento clínico, ética y escucha activa y flotante combinadas con acción creativa y base teórica…

El arte como dispositivo clínico

El arte no es decoración o algo extra en la sesión.

Es un dispositivo clínico en sí mismo. Hace parte del encuadre psicoterapéutico.

Y la sensibilidad no es debilidad.

Es vía de acceso. Es vía de escucha y es esencial para el vínculo.

Sin vínculo, no hay transferencia y no hay forma de poder trabajar…

El valor de lo no verbal

Las terapias a través de las artes han demostrado que lo creativo permite expresar aquello que muchas veces no puede ser dicho con palabras, abriendo procesos de transformación emocional profundos, que incluso nunca serán del todo dichos. Porque hay cosas que se elaboran en un proceso terapéutico que no tienen por qué pasar por la palabra.

Ya sabemos que la orientación psicoanalítica parte del trabajo de la palabra, pero en su uso aplicado en contextos no verbales, por ejemplo, la orientación está presente como base de fondo para pensar la práctica; pero lo que guiará la acción terapéutica será algo que no necesariamente pasará por la palabra, y no por eso tiene menos valor.

No se trata de elegir entre:

  • técnica o sensibilidad
  • estructura o creatividad
  • palabra o cuerpo

Se trata de sostener todos estos elementos. Y, en cada caso, unos tendrán más relevancia que otros…

Ética, cuerpo y práctica clínica

Lo que es transversal a toda práctica es la ética y la disponibilidad. Como decimos muchos terapeutas: hay que “poner el cuerpo” para la práctica clínica. O como se dice mucho en el futbol: mete cuerpo! Pues eso, nosotras las que trabajamos con terapia por las artes, ¡METEMOS CUERPO!

En ese sentido, los dispositivos de Arte Clínico y terapia por las artes expresivas se distancian un poco del dispositivo clásico del psicoanálisis: diván, palabra y transferencia…

Porque muchas veces, para escuchar y leer esa palabra,

se debe saber leer también lo que el cuerpo creativo en acción está diciendo.

Y eso también implica rigor clínico, e incluso científico.

Arte Clínico

Soy Sandra Aurora Muñoz, psicóloga, psicoanalista y especialista en Arte Clínico, con formación en musicoterapia, psicomotricidad y conciencia corporal-emocional.

Acompaño procesos terapéuticos, formación y asesoramiento a familias y profesionales.