El síntoma como mensaje: por qué escuchar antes de intervenir

En la práctica clínica de la psicología actual, los síntomas psicológicos —como la ansiedad, la depresión, las conductas disruptivas o los bloqueos emocionales— suelen abordarse, en muchos contextos, desde modelos centrados en la corrección del malestar. Esta orientación, predominante en protocolos estandarizados, concibe el síntoma como un error del funcionamiento psíquico o como una disfunción a eliminar.

Este artículo propone una lectura del síntoma no como un obstáculo a ser eliminado, sino como una respuesta adaptativa —aunque costosa— del sujeto. A partir de esta concepción, se desarrollan los fundamentos y las modalidades de intervención desde el Arte Clínico, integrando aportes del psicoanálisis contemporáneo, la musicoterapia clínica y las terapias por las artes expresivas.

El síntoma psicológico como respuesta adaptativa y no como error

Desde una perspectiva clínica profunda, el síntoma no surge de manera arbitraria. Aparece allí donde los recursos simbólicos, emocionales o vinculares del sujeto resultan insuficientes para tramitar determinadas experiencias (Freud, 1926/1993).

La ansiedad o inhibición emocional, por ejemplo, pueden entenderse como formas de organización del malestar e intentos de sostener un equilibrio posible frente a exigencias internas o externas. En este sentido, el síntoma cumple una función: señala, limita, incluso protege un punto de exceso en la economía psíquica del sujeto.

Desde el psicoanálisis y la clínica por las artes expresivas, los procesos terapéuticos se orientan a acompañar la transformación del síntoma sin forzar su desaparición inmediata ni reducirlo a un fenómeno puramente disfuncional, evitando así intervenciones uniformizadas que desconocen la singularidad del caso por caso (Lacan, 1975–1976).

Psicoanálisis y síntoma: del mensaje al anudamiento subjetivo

Cómo vimos en el artículo anterior desde los inicios del psicoanálisis, el síntoma ha sido concebido como algo más que un signo patológico. Freud muestra que el síntoma es el resultado de una transacción entre fuerzas psíquicas en conflicto, donde lo reprimido retorna bajo formas sustitutivas (Freud, 1915/1992).

Posteriormente, Jacques Lacan profundiza esta lectura al situar el síntoma como una respuesta del sujeto al lenguaje y al encuentro con lo real, y como un mensaje a descifrar. En su última enseñanza, además, el síntoma se concibe como un modo singular de anudamiento entre cuerpo, goce y estructura, siendo aquello que permite al sujeto sostener su existencia allí donde el sentido falla (Lacan, 1975–1976).

Esta concepción resulta clave para el Arte Clínico, ya que muchos síntomas no se presentan prioritariamente en el discurso verbal, sino en el cuerpo, el ritmo, la voz, el gesto o la inhibición de la acción. Y allí donde la palabra no alcanza, la intervención artística abre otros registros posibles de elaboración subjetiva.

Arte Clínico: crear para elaborar

Uno de los errores más frecuentes en la divulgación de las terapias artísticas es reducirlas a espacios de expresión emocional o catarsis. Desde una perspectiva clínica rigurosa, atravesada por el psicoanálisis aplicado, el proceso creativo no se limita a expresar lo que ya está dado, sino que produce organización, mediación y distancia respecto de la experiencia subjetiva (Kramer, 1971).

El Arte Clínico concibe las prácticas artísticas como dispositivos terapéuticos en sí mismos, capaces de sostener procesos de simbolización progresiva. Trabajar con imágenes, materiales, movimiento o sonido permite al sujeto dar forma a aquello que inicialmente se presenta como informe, desbordante o inasimilable.

El acto creativo introduce límites, secuencias y elecciones y funciona como una forma de pensamiento en acto, donde cuerpo, emoción y significado se articulan sin necesidad de una traducción inmediata al lenguaje verbal (Malchiodi, 2012).

Musicoterapia clínica y regulación emocional del síntoma

La musicoterapia aporta herramientas específicas para abordar el síntoma desde el ritmo, la temporalidad y la resonancia corporal. Numerosos estudios muestran que la experiencia musical incide directamente en los sistemas de regulación emocional, neurofisiológica y vincular (Bruscia, 2014).

Síntomas de ansiedad pueden comprenderse como alteraciones del ritmo interno, mientras que ciertos estados depresivos se manifiestan como empobrecimiento del tempo vital o de la variación afectiva. La intervención musicoterapéutica no busca normalizar estos estados, sino entrar en sintonía con ellos para introducir nuevas posibilidades de organización emocional y psíquica.

La improvisación musical clínica, por ejemplo, permite trabajar dinámicas de control, presencia, escucha y respuesta, convirtiendo el síntoma en un material clínico activo, no en un obstáculo para la intervención (McNiff, 1992).

Del mismo modo, los bloqueos emocionales pueden entenderse como defensas necesarias frente a experiencias vividas como invasivas. La intervención artística respeta estos tiempos, ofreciendo mediaciones simbólicas y cierto desplazamiento temporal que no fuerza la apertura emocional. Por eso más que un espacio de catársis de emociones como se suele pensar es un trabajo que habilita procesos de elaboración subjetiva en paralelo y conjuntamente (siempre cuando se puede), al de la psicoterapia por la palabra (Malchiodi, 2012).

Intervención clínica desde el Arte Clínico: tiempo, proceso y escucha

El Arte Clínico, se constituye como un enfoque que articula la experiencia creativa de las terapias por las artes expresivas junto al psicoanálisis, como vehículo de transformación psíquica. Una de sus contribuciones significativas es la capacidad de contrarrestar la urgencia de la intervención inmediata y correctiva del sujeto. A diferencia de modelos terapéuticos que priorizan la eliminación rápida del síntoma, el Arte Clínico propone un espacio donde el síntoma puede ser explorado, entendido y transformado de manera gradual, respetando la temporalidad propia del paciente (Kramer, 1971).

El proceso creativo, característico de esta aproximación, se fundamenta en tres pilares esenciales: tiempo, repetición y ensayo. El tiempo permite que el sujeto se acerque a su mundo interno sin la presión de producir resultados inmediatos; la repetición posibilita la consolidación de experiencias emocionales y cognitivas; y el ensayo abre un espacio seguro para experimentar alternativas y narrativas que faciliten la resignificación del síntoma. En este sentido, el acto de crear se convierte en un espacio que acompaña, desde la escucha latente y activa, evitando intervenciones prescriptivas o estandarizadas que no escuchan la narrativa única de vida del paciente.

Desde la perspectiva cuanto atendemos nos guiamos por preguntas que favorecen la comprensión del síntoma más allá de un obstáculo a eliminar. Entre estas preguntas destacaría:

  • ¿Qué función cumple este síntoma en la economía subjetiva del sujeto?Esta pregunta permite reconocer que los síntomas no son aleatorios, sino que cumplen funciones de autorregulación afectiva y de organización psíquica. Por ejemplo, un síntoma ansioso puede estar sosteniendo la tolerancia a la incertidumbre, mientras que una conducta compulsiva puede servir como estrategia de regulación emocional de un trauma no elaborado.
  • ¿Qué intenta regular o sostener este síntoma?Más allá de su forma externa, el síntoma revela necesidades profundas de equilibrio interno. Identificar qué elementos internos y relacionales se están manteniendo mediante el síntoma facilita la intervención sin imponer un borrado abrupto de su manifestación, que puede tener efectos nefastos para el paciente. Schaverien en su libro “The revealing Image (1992), retoma conceptos de Winnicott y adopta este concepto para mostrar cómo las obras del paciente “revelan” aspectos de la vida psíquica que de otra forma permanecerían inaccesibles, y cómo el terapeuta puede leerlas sin imponer significados rígidos, respetando la función simbólica y transformadora del arte.

En síntesis, concebir el síntoma como una forma de expresión y comunicación de elementos clave para el tratamiento, redefine su papel en la clínica. Ya no es solamente un “enemigo a combatir”, sino una brújula que orienta la intervención, señalando aspectos psíquicos, que la mayor parte son inconscientes y que requieren reconocimiento, acompañamiento y transformación construida entre terapeuta y analizante-paciente. El Arte Clínico habilita este enfoque de escucha profunda, donde, el acto creativo y la repetición se convierten en buenas herramientas para una intervención clínica respetuosa y centrada en la singularidad de cada sujeto.

 

Referencias bibliográficas consolidadas

  • Bruscia, K. (2014). Defining Music Therapy. University Park, PA: University Park Press.
  • Freud, S. (1915/1992). La represión. En Obras completas (Vol. XIV). Buenos Aires: Amorrortu.
  • Freud, S. (1926/1993). Inhibición, síntoma y angustia. En Obras completas (Vol. XX). Buenos Aires: Amorrortu.
  • Kramer, E. (1971). Art as Therapy with Children. New York, NY: Schocken Books.
  • Lacan, J. (1975–1976). El Seminario, Libro 23: El sinthome. Buenos Aires: Paidós.
  • Malchiodi, C. (2012). The Soul’s Palette: Drawing on Art’s Transformative Powers for Health and Well-Being. Boston, MA: Shambhala.
  • McNiff, S. (1992). Art as Medicine: Creating a Therapy of the Imagination. Boston, MA: Shambhala.
  • Schaverien, J. (1992). The Revealing Image: Analytical Art Psychotherapy in Theory and Practice. London: Routledge.
Arte Clínico

Soy Sandra Aurora Muñoz, psicóloga, psicoanalista y especialista en Arte Clínico, con formación en musicoterapia, psicomotricidad y conciencia corporal-emocional.

Acompaño procesos terapéuticos, formación y asesoramiento a familias y profesionales.